PIEDAD GONZÁLEZ-CASTELL
ESPAÑA
LA FE NACE ENTRE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE
En el anterior comunicado hablaba con vosotros, mis queridos hermanos con quienes comparto mis reflexiones, del adventus, la venida: Nacimiento y Parusía.
Hoy, en pleno Adviento, con los días contados para celebrar un año más el Natal del Niño Dios, nos vemos desbordados por acontecimientos catastróficos, apocalípticos, que nos sobrecogen el alma ante la presencia del Mal que enseñorea libremente por el Mundo.
Entonces, cuando nos hundimos en la negritud del presente corrupto y descreído, nos llega un destello de luz que inesperadamente ilumina nuestra desilusión. Así lo he vivido hace unos días y así lo comparto con vosotros.
Voy a llamarlo La fe del sepulturero, si, esa persona anónima para casi todos, que por escaso sueldo hace la caridad de sepultar a nuestros muertos. Me refiero concretamente al Sepulturero del niño San Carlo Acutis.
Su nombre es Giusseppe Ferretti, él se describe como mal padre, peor esposo, bebedor de grappa, descreído, ha perdido el amor de sus hijos, sepulturero con un pequeño sueldo y sin voluntad de cambiar su insignificante vida que solo puede compartir con su botella de grappa o con el termo de café caliente mezclado con alcohol. Divorciado dos veces, vive solo en un miserable pisito. En estado de embriaguez cavaba las tumbas desde la ocho de la mañana hasta el último enterramiento en el Cementerio de Milán (Italia). Creía que sabía todo sobre la muerte. Pensaba que Dios, si existía, no se preocupaba por gente como él. Pero el 15 de octubre de 2006, a las ocho de la mañana, le encargó su jefe cavar una tumba para un adolescente, Carlo Acutis, 15 años, no sabía quién era, una tumba más. Borracho, cavó maldiciendo y escupiendo sobre ese trabajo rutinario. Ignoraba que tres días más tarde, volvería a abrir esa tumba 247, bajo los cerezos, que, por error administrativo, había que cambiar ese cadáver a otro lecho de tierra.
Era jueves 18 de octubre de 2006, su día libre, pero por una asignación mayor había aceptado la llamada de su jefe. Volvía a estar ebrio, levantó la lápida provisional puesta tres días antes, la pala iba despojando el foso de la tierra que había acumulado sobre el ataúd blanco del niño muerto. Era la misma pala, era la misma tierra, pero él no volvería a ser el mismo hombre borracho, sin dignidad. Le iba a cambiar toda su vida. Cuando terminó de exhumar aquella tumba era tarde, había anochecido pronto, la caja blanca le pareció liviana para contener el cadáver de un joven, pero lo que más le extrañó, es que esa tumba no exhalaba el olor inconfundible para él de los cuerpos desenterrados. El lo sabía bien tras 30 años de sepulturero. Y no solo no olía mal, sino que olía como las rosas blancas que habían arrojado en el funeral, pero más dulce, más puro; acercó la nariz a la madera del ataúd porque no podía comprenderlo, definitivamente olía a rosas frescas. Pensó que tal vez la familia había colocado perfumes dentro, pero ningún perfume puede ocultar el olor de la descomposición de un cuerpo enterrado hacía tres días.
Algo le impulsó a abrir el féretro, no era necesario, pero su extrañeza le llevaba a comprobar sí ese cuerpo podía ser trasladado. Con la pequeña palanca que había utilizado en otros casos, separó la tapa de la caja, los clavos chirriaron, la madera crujió, la tapa se levantó, dentro estaba el cadáver de Carlo Acutis, su piel era pálida, si, pero no como un muerto, su tacto era suave como la piel natural de un niño, como alguien durmiendo, no había signo de rigor mortis en su gesto, sus labios estaban rosados con una sonrisa de absoluta placidez, como si hubiera visto algo maravilloso en el momento antes de morir.
El sepulturero que todo lo sabía de los muertos, no había visto jamás esa maravilla que presenciaban sus ojos y cayó de rodillas en la tierra mojada llorando. Trasladó el ataúd en la carretilla hasta el nuevo emplazamiento, no era tan bonito, no había cerezos, ni vista al jardín, cumplió su trabajo y el jefe le dio el sobre con lo tratado, “buen trabajo” le dijo “discreción absoluta”. Pero al sepulturero no le importaba ya aquel sobre con el doble de su miserable sueldo, la imagen del joven desenterrado la llevaba fija en sus propios ojos, el aroma a rosas frescas iba impregnado en su respiración, el tacto incorrupto de su mano la sentía en las yemas de sus dedos, después de haber presenciado tal maravilla, ejecutó su encargo que era volver a enterrar aquella caja blanca de pino, con un sencillo crucifijo, pero el rostro de aquel niño llamado Carlo Acutis, seguía presente en él. Cuando llegó a su casa reunió todas las botellas de alcohol que tenía y las vació por el fregadero.
Cada día, la tumba de Carlo Acutis se llenaba de personas que oraban, familias que le solicitaban favores y milagros. El Sepulturero, sobrio, iba anotando en un diario que comenzó a escribir todos los nombres de las personas que oraban con fe, también pudo presenciar y anotar milagros, tal vez existía Dios. Una sensación grande de redención entró en su mente.
El sepulturero tuvo Fe cuando tuvo visible en materia humana el cuerpo incorrupto del niño Carlos Acutis, y le sorprendió la felicidad que su alma invisible desprendía en aquel rostro que parecía dormir con una sonrisa de placidez.
Personalmente puedo aportar que cuando puse mis manos sobre la reliquia de San Carlos Acutis sentí un estremecimiento desde lo más profundo de mi ser.
(Si quieres profundizar más: YouTube - El hombre que enterró al niño Carlo Acutis.)
Caepionis Turris, 16 de diciembre de 2025
Piedad González-Castell es poeta de nacimiento, escritora y pintora. Graduada en Teología por el Instituto de Ciencias Religiosas Santa María de Guadalupe, de la Universidad Pontificia de Salamanca. Conferenciante con más de 300 actos entre conferencias, recitales y pregones impartidos en la Catedral de Badajoz, Ateneo de Madrid, SGAE Madrid, Asociación de Escritores y Artista Españoles (AEAE) Madrid, Instituto Egipcio Madrid y otras salas. gido por Miguel Narros y William Layton, siendo contratada por Doña Mercedes Prendes. Entre más de una docena de obras publicadas se encuentran: Vasco Núñez 54 Fenómenos Paranormales Reales. Relato. Editorial Punto Rojo, 2024. Versos de amor PrimERO(S). Poesía. Fundación CB, 2024. Otoño enamorado. Poesía. Fundación CB, 2024. Lo que Pessoa no me contó en los extraños días del verano. Novela. Editorial Círculo Rojo, Roquetas del Mar, 2023 Cuarenta días de junio. Poesía. Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2014. El Silencio y la Palabra. Poesía. Finalista del XIX Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo. Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 2003



Conozco a Piedad Gozález-Castell: es una gran escritora y magnifica poeta Extremeña(Española). En todos sus trabajos va dejando su sello personal con carisma arrollador y la elocuencia que la caracteriza. Este artículo me ha fascinado, deleitado y conmovido. Felicidades.
ResponderEliminarQuerida Mª José. Gracias por tus palabras llenas de luz. Sabes que quiero.
ResponderEliminar