LA CRISIS CLIMÁTICA EXIGE RESPUESTAS
INMEDIATAS
En el mes de noviembre del año pasado tuvo lugar en la ciudad de Belem, en Brasil, la COP 30, con la asistencia de delegaciones de la mayoría de los países del mundo. Durante dos semanas se realizaron muchas actividades cuyo tema central era el cambio climático. Al final se redactó un documento con las concluiones y los acuerdos. Sobre estos últimos muchos participantes manifestaron que los consideraban insuficientes pues no aportaron soluciones ni compromisos en los puntos fundamentales como son la reducción de los combustibles fósiles, medidas urgentes contra la contaminación, y la donación de los fondos necesarios para prevenir los graves efectos de la crisis climática. Esto parece demostrar que aún hay mucho trabajo de concienzación por hacer.
De lo que no hay duda es de que nuestro planeta enfrenta una encrucijada histórica. Los datos científicos son inequívocos: el cambio climático no es una amenaza lejana, sino una realidad presente que se intensifica con ra cada año que pasa. Desde incendios forestales devastadores y huracanes de intensidad sin precedentes hasta sequías prolongadas y el deshielo acelerado de los polos, las a. de alarma resuenan en todos los continentes.
La urgencia no podría ser mayor. Cada fracción de grado de calentamiento adicional tiene consecuencias catastróficas para los ecosistemas, la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la estabilidad social. Las comunidades más vulnerables, que menos han contribuido al problema, son las primeras en sufrir sus efectos más severos.
Frente a esta realidad, las medias tintas ya no son una opción. Necesitamos una transformación profunda en cómo producimos energía, cómo nos movemos, cómo cultivamos nuestros alimentos y cómo diseñamos nuestras ciudades. Esta transición requiere:
1. Políticas audaces que prioricen las energías renovables y establezcan límites estrictos a las emisiones.
2. Innovación tecnológica acelerada que haga sostenibles las opciones ecológicas.
3. Cooperación internacional genuina, reconociendo nuestra responsabilidad común pero diferenciada.
4. Cambios individuales y colectivos en nuestros patrones de consumo y producción.
La lucha contra el cambio climático no es solo una necesidad ecológica, sino una oportunidad para construir economías más justas, sociedades más resilientes y un futuro más saludable para las próximas generaciones.
El momento de actuar es ahora. Cada año de inacción nos acerca a puntos de no retorno con consecuencias irreversibles. Nuestra respuesta a esta crisis definirá nuestro legado como civilización: ¿seremos recordados como la generación que vio el problema y miró hacia otro lado, o como la que se unió para salvaguardar nuestro hogar común?
La Tierra no necesita que la salvemos; necesita que dejemos de destruirla. Y ese compromiso debe empezar hoy.

Agradezco a Rafael Armando Rivera director de ATMAN, su invitación para formar parte del equipo de esta Revista, tan plural y diversa, creando para mi colaboración la sección TEOLOGÍA DEL MAS ALLÁ: ENTRE LA FE Y EL MISTERIO. Gracias .
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