EDITORIAL





NIÑOS Y PANTALLAS: POR QUÉ CONTROLAR EL ACCESO A LAS REDES SOCIALES ES UNA MEDIDA DE PROTECCIÓN URGENTE


    La infancia y la adolescencia siempre se han considerado etapas de la vida que requieren una protección especial. En el mundo físico, establecemos límites claros: los niños no pueden conducir, votar ni consumir bebidas alcohólicas. Estas restricciones no se perciben como censura, sino como un reconocimiento de su vulnerabilidad y la necesidad de un desarrollo seguro. Sin embargo, al entrar en el entorno digital, esta lógica parece haberse perdido, con consecuencias cada vez más graves.

    La aprobaciónen en varios países de leyes específicas para el entorno virtual,  establecen parámetros para que las plataformas digitales asuman responsabilidades que antes se habían descuidado. Estas medidas proporcionan, por ejemplo, mecanismos fiables para la verificación de la edad, una supervisión parental reforzada y normas más claras para limitar el acceso de los menores a contenido violento, juegos de azar y publicidad abusiva.

    La necesidad de estas medidas resulta evidente al analizar los datos. Las investigaciones indican que la gran mayoría de los padres comparten información sobre sus hijos en línea, un fenómeno conocido como *sharenting*, que puede exponer datos e imágenes sensibles de menores a un público inmenso. En el entorno digital, los riesgos son enormes, desde el contacto con depredadores hasta la exposición a contenido que puede desencadenar problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, amplificados por algoritmos que priorizan la interacción sobre el bienestar.

    Es fundamental distinguir entre protección y censura. Las nuevas normas, como la obligatoriedad de crear automáticamente cuentas privadas para menores de 16 años y la restricción de mensajes de desconocidos, no pretenden limitar la libertad de expresión, sino crear una red de seguridad mínima. La responsabilidad no recae únicamente en el Estado; las plataformas digitales, que se benefician de la atención y los datos de los usuarios, también deben compartir la responsabilidad de proteger a los niños y jóvenes. 

    La crítica de que tales leyes pueden representar una «sobrerregulación» o una forma de censura ignora el hecho de que la ausencia de normas ha fomentado prácticas perjudiciales. El desarrollo intelectual y social de un niño no surge del aislamiento, sino del contacto saludable con la información y las personas. Las redes sociales en general, en su forma actual, pueden ofrecer lo contrario: un entorno de vigilancia, comparación y manipulación comercial que contribuye poco a una educación crítica y segura.

    Proteger a los niños y adolescentes en el entorno digital es un acto de responsabilidad que requiere el esfuerzo conjunto de familias, escuelas, gobierno y empresas tecnológicas. Establecer barreras seguras no es un acto de censura, sino un acto de cuidado, un reconocimiento de que, para navegar en un mar de información y riesgos, los jóvenes necesitan un refugio seguro y una guía proporcionada por quienes los orientan en el mundo real. Controlar el acceso no es el fin de la libertad, sino el comienzo de la seguridad.

1 comentario:

  1. Agradezco a Rafael Armando Rivera director de ATMAN, su invitación para formar parte del equipo de esta Revista, tan plural y diversa, creando para mi colaboración la sección TEOLOGÍA DEL MAS ALLÁ: ENTRE LA FE Y EL MISTERIO. Gracias .

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